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完成6.5角色元数据
This commit is contained in:
@@ -825,7 +825,7 @@
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"BirthDay": 31,
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"VisionBefore": "Geo",
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"VisionAfter": "Geo",
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"VisionOverrideUnlocked": "Gnosis",
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"VisionOverrideUnlocked": "Visión",
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"ConstellationBefore": "¿?",
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"ConstellationAfter": "Lapis Dei",
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"CvChinese": "彭博",
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@@ -1174,14 +1174,14 @@
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},
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"Title": "Historia del personaje (5)",
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"Context": "Como el mayor de Los Siete, Rex Lapis ha vivido mucho tiempo.\nTodavía recuerda cuando por fin terminó la Guerra de los Arcontes y los últimos siete dioses que quedaron en pie tomaron sus respectivos tronos como Arcontes, poniendo fin a dicha guerra. Aunque no están de acuerdo en ciertos asuntos y residen a miles de kilómetros de distancia, todos tuvieron la tarea de guiar a los humanos.\nA medida que pasó el tiempo, muchos de los siete Arcontes cayeron y otros ascendieron. Pero de los siete Arcontes originales, solo quedan dos aún en el poder: Rex Lapis y el libre y despreocupado Arconte Anemo, el segundo más antiguo de Los Siete, también conocido como Barbatos.\nHace dos mil años, cuando Barbatos llegó por primera vez a las puertas de Liyue para visitar a Rex Lapis, este estaba dispuesto a proporcionar cualquier ayuda necesaria a su compañero dios de otro reino.\nAsí pues, el Arconte Geo ya había hecho los preparativos para recibirlo incluso antes de que Barbatos cayera del cielo. Agotado por ello, solo esperaba a que dijera algo.\nSin embargo, lo que hizo Barbatos fue entregarle una botella de vino.\n“Este es un vino de Mondstadt. ¿Por qué no lo pruebas? Te lo regalo”.\nPara Rex Lapis, era absurdo que un dios abandonara sus deberes solo para entregar una botella de vino.\nSin embargo, esta no fue la única vez que Barbatos visitó Liyue... Y siempre que lo hacía, tenía innumerables preguntas. Tenía tanta curiosidad como vino bebía.\nEn aquella época, Los Siete todavía se reunían de vez en cuando en Liyue. De hecho, Rex Lapis aún recuerda el sabor del vino que bebían en aquellas reuniones.\nSin embargo, el mundo siguió cambiando.\nVarios de los siete Arcontes cedieron su puesto y otros les sucedieron. Por otra parte, cinco de los siete dioses presentes en aquellas reuniones fallecieron.\nEl antiguo deber de guiar a los humanos comenzó a ser ignorado por los nuevos sucesores.\nSin embargo, tres mil años de viento y nieve fueron suficientes para corroer incluso a la piedra más dura.\nIncluso Barbatos dejó de visitar a Rex Lapis con el paso del tiempo.\nUna mañana, cuando el viejo Rey Geo daba un paseo por Liyue, escuchó el cumplido de un comerciante hacia su subordinado:\n“Has cumplido muy bien con tu deber. Ahora, vete y tómate un merecido descanso”.\n...\nRex Lapis se quedó parado en medio del bullicio de la multitud mientras pensaba:\n“¿Habré cumplido realmente con mi deber?”"
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"Context": "Como el mayor de Los Siete, Rex Lapis ha vivido mucho tiempo.\nTodavía recuerda cuando por fin terminó la Guerra de los Arcontes y los últimos siete dioses que quedaron en pie tomaron sus respectivos tronos como Arcontes, poniendo fin a dicha guerra. Aunque no están de acuerdo en ciertos asuntos y residen a miles de kilómetros de distancia, todos tuvieron la tarea de guiar a los humanos.\nA medida que pasó el tiempo, muchos de los siete Arcontes cayeron y otros ascendieron. Pero de los siete Arcontes originales, solo quedan dos: Rex Lapis y el libre y despreocupado Arconte Anemo, el segundo más antiguo de Los Siete, también conocido como Barbatos.\nHace dos mil años, cuando Barbatos llegó por primera vez a las puertas de Liyue para visitar a Rex Lapis, este estaba dispuesto a proporcionar cualquier ayuda necesaria a su compañero dios de otro reino.\nAsí pues, el Arconte Geo ya había hecho los preparativos para recibirlo incluso antes de que Barbatos cayera del cielo. Agotado por ello, solo esperaba a que dijera algo.\nSin embargo, lo que hizo Barbatos fue entregarle una botella de vino.\n“Este es un vino de Mondstadt. ¿Por qué no lo pruebas? Te lo regalo”.\nPara Rex Lapis, era absurdo que un dios abandonara sus deberes solo para entregar una botella de vino.\nSin embargo, esta no fue la única vez que Barbatos visitó Liyue... Y siempre que lo hacía, tenía innumerables preguntas. Tenía tanta curiosidad como vino bebía.\nEn aquella época, Los Siete todavía se reunían de vez en cuando en Liyue. De hecho, Rex Lapis aún recuerda el sabor del vino que bebían en aquellas reuniones.\nSin embargo, el mundo siguió cambiando.\nVarios de los siete Arcontes cedieron su puesto y otros les sucedieron. Por otra parte, cinco de los siete dioses presentes en aquellas reuniones fallecieron.\nEl antiguo deber de guiar a los humanos comenzó a ser ignorado por los nuevos sucesores.\nSin embargo, tres mil años de viento y nieve fueron suficientes para corroer incluso a la piedra más dura.\nIncluso Barbatos dejó de visitar a Rex Lapis con el paso del tiempo.\nUna mañana, cuando el viejo Rey Geo daba un paseo por Liyue, escuchó el cumplido de un comerciante hacia su subordinado:\n“Has cumplido muy bien con tu deber. Ahora, vete y tómate un merecido descanso”.\n...\nRex Lapis se quedó parado en medio del bullicio de la multitud mientras pensaba:\n“¿Habré cumplido realmente con mi deber?”"
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},
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"Title": "Productos marinos",
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"Context": "Durante la Guerra de los Arcontes, cada rincón de Teyvat estaba sumido en el fuego del conflicto. No solo fueron los dioses quienes lucharon, sino que innumerables seres malvados también buscaron expandir su dominio.\nUnas de esas criaturas inquietaban muchísimo al Arconte Geo, que entonces aún no era uno de Los Siete.\nEstas criaturas surgieron del abismo oceánico, tenían un cuerpo blando y poseían ágiles tentáculos que seguían teniendo vida incluso después de que los cortaran, momento en que secretaban un viscoso fluido.\nEran realmente asquerosas, pero ese no era el mayor de los problemas.\nEl verdadero problema era su pequeño tamaño, que les daba la capacidad de esconderse en rincones y grietas inimaginablemente pequeños.\nNingún hueco era demasiado estrecho para ellas, ni los de las tablas de madera de las mesas y las sillas, ni los de las costuras de las ventanas y puertas y los pliegues de las cortinas, ni tampoco los de los libros y los cepillos.\nSi veían a alguien con la mano extendida, subían por su brazo, dejando un brillante rastro detrás de ellas, y le dejaban una sensación de frío y humedad tan horrible que era imposible no gritar de horror al sentirla.\nBajo los ruegos del pueblo de Liyue, Morax accedió a acabar con estas criaturas. Sin embargo, estos parásitos de la civilización no podían ser destruidos como un enemigo cualquiera en el campo de batalla, como cuando invocó una lluvia de lanzas de piedra que hizo a la tierra temblar.\nAun así, él era el Patrono de los contratos, por lo que debía cumplir con su palabra fuese como fuese.\nEntonces, recorrió Liyue de casa en casa con pequeñas jaulas de piedra, capturando a estas criaturas una por una...\nEsta larga campaña de exterminio de plagas le enseñó a Morax lo que realmente significaba “quitarse un peso de encima”.\nLa frustrante campaña, así como el terrible olor de las secreciones de esas criaturas del océano, son algo que nunca olvidará.\nHoy en día, incluso cuando sale al mundo real de incógnito como Zhongli, un hombre mortal, Morax no quiere ver el marisco ni en pintura.\nExcepto el tofu de marisco, eso sí le gusta porque no se distingue su forma original."
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},
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"Title": "Gnosis",
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"Title": "Visión",
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"Context": "#Una vez que terminó el Rito del Ascenso, el cual fue tanto dirigido como protagonizado por Zhongli, apareció ante él Signora, una de Los Once de los Fatui.\nSegún el contrato que habían firmado, ella fue allí para reclamar la Gnosis de Morax, el Arconte Geo.\nAnte {F#la viajera}{M#el viajero} y los dos Fatui, Zhongli contó la verdad: que había establecido un contrato con la Arconte Cryo.\nEn sus propias palabras, aquel era el “contrato con el que pondría fin a todos los contratos”.\nSin embargo, lo mirase por donde lo mirase, perder las habilidades divinas con las que había defendido a Liyue era un precio a pagar demasiado alto.\nIncluso entre los mortales, la base de un contrato es un intercambio equivalente.\nAsí pues, para el Patrono de los contratos, que durante su larga existencia había establecido innumerables acuerdos, un contrato tan importante como este debía tener sus beneficios.\nPero ahora, el Arconte Geo había tenido que ceder su Gnosis como parte del trato.\nEntonces, ¿qué habría ofrecido la Arconte Cryo para equilibrar la balanza?"
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